01

El síntoma que se compra

Un síntoma es lo que se ve y se siente. Un síntoma no es un diagnóstico. Que el equipo esté sobrecargado no significa que falte gente; que falten datos no significa que falte un tablero; que dos áreas se contradigan no significa que haya un problema de comunicación.

La respuesta habitual es tratar el síntoma: se contrata, se compra un software, se automatiza un paso. Si el síntoma no era la causa, el alivio dura poco y el gasto queda.

Conviene además no confundir el síntoma con la molestia. El síntoma es el hecho observable: el atraso, el error, la consulta sin respuesta. La molestia es la incomodidad que produce. Se puede atacar la molestia sin tocar el síntoma, y eso es lo que hace que el problema vuelva.

Distinguir uno de otro es lo que evita invertir en la respuesta equivocada.

02

Por qué el mismo síntoma tiene causas distintas

Toma un síntoma concreto: el equipo no da abasto. Puede venir de tres causas distintas. La primera, que el volumen creció. La segunda, que la capacidad existente está ocupada en trabajo que podría no hacerse. La tercera, que el proceso tiene pasos de registro y corrección que consumen tiempo sin agregar valor.

Las tres producen el mismo síntoma y ninguna se resuelve igual. La primera pide capacidad; la segunda pide rediseño; la tercera pide simplificar pasos.

Lo mismo ocurre con la falta de datos: puede faltar el dato, puede estar pero repartido entre sistemas que no se hablan, o puede llegar tarde para decidir. Son tres problemas con tres soluciones.

03

Tres pruebas para separar síntoma de causa

Primera prueba: quitar la causa supuesta y ver si el síntoma desaparece. Si se suma capacidad y el atraso sigue igual, la causa no era la falta de gente.

Segunda prueba: seguir el recorrido completo de un caso real, de principio a fin, y anotar dónde se espera y dónde se repite trabajo. La causa suele aparecer en los huecos entre etapas, no dentro de ellas.

Tercera prueba: preguntar qué pasaría con el mismo volumen si el paso sospechoso desapareciera. Si el resultado no cambia, el paso no era la causa.

Las tres pruebas se aplican en orden y comparten una condición: hay que hacerlas antes de comprometer dinero. Hechas después de la compra, solo sirven para explicar por qué no funcionó.

04

El costo de invertir en el síntoma

Comprar un CRM cuando el problema es de seguimiento mal definido no arregla el seguimiento: lo deja registrado. Contratar cuando el problema es de proceso encarece una operación mal diseñada.

El costo tiene dos partes. La primera es lo que se gastó y no resolvió. La segunda, más difícil de ver, es el tiempo que se pierde creyendo que el problema ya está en camino de solución.

Por eso conviene separar el síntoma de la causa antes de firmar cualquier compra, no después.

05

Cómo confirmar la causa antes de decidir

Una causa se confirma midiendo, no opinando. Se elige el número que debería cambiar si la causa es correcta y se registra su valor actual antes de intervenir.

Si al cambiar la causa el número se mueve en la dirección esperada, la causa era correcta. Si no se mueve, la causa era otra y conviene volver a las pruebas.

Para registrar el valor de partida basta una anotación simple con fecha. Lo importante es que la medición posterior use la misma definición, de modo que la comparación sea entre lo mismo y no entre dos cosas parecidas.

Conviene además distinguir una asociación de una causa. Que dos cosas ocurran juntas no prueba que una provoque la otra.

06

Cuándo la tecnología resuelve la causa

Una herramienta aporta cuando la causa detectada es siempre la misma y se repite igual. Un dato que se transcribe dos veces, una consulta que se responde igual cada vez, un aviso que hoy depende de que alguien se acuerde.

No sirve para hallar la causa, ni para tapar un procedimiento que nunca se escribió. Poner una máquina sobre algo que cambia cada mes solo vuelve más rápido el mismo lío.

Cuando la causa es de criterio, de coordinación o de responsabilidades, la respuesta puede no ser tecnológica. En ese caso corresponde decirlo y resolverlo de otra forma.